LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE, VÍCTIMAS DEL OLVIDO.

Un cruel ataque pirata ocurrió en el siglo XVI frente a las costas de Fuencaliente: la matanza de los mártires de Tazacorte, 40 monjes franciscanos portugueses y españoles que fueron arrojados por la borda de su buque. En homenaje a ellos, a 20 metros de profundidad, hoy yacen 40 cruces que reciben la visita regular de fotógrafos submarinos, amantes del buceo nocturno y submarinistas en general. La cercana Reserva Marina de La Palma propicia que el lugar cuente también con una vida marina notable.

La expedición iba compuesta de 86 personas: 70 jesuitas y el resto personal seglar. Tras una larga preparación espiritual, en la Quinta del Valle del Rosal, (Quinta de Vale do Rosal) en Charneca de Caparica, partieron de Lisboa el 5 de junio de 1570 en tres naves rumbo a Brasil. Desde la Isla de Madeira, una nave tuvo que dirigirse hacia las Islas Canarias para llevar una carga que transportaba; en ella viaja el padre Azevedo con 39 jesuitas y presintiendo la cercanía de corsarios calvinistas, pide voluntarios ante un posible martirio; cuatro abandonaron la expedición, y en su lugar se ofrecieron voluntarios otros de las restantes naves.

Llegando a la Isla de la Palma en Canarias, hicieron escala en el lugar de Tazacorte, dónde en el Santuario de Nuestra Señora de las Angustias, celebró por última vez la Sagrada Eucaristía, y según cuenta la tradición, el Padre Ignacio, al sumir la sangre del Señor tuvo la revelación divina de su glorioso martirio, tan grande fue su impresión que mordió el borde del Cáliz, y dejó una mella de sus dientes en él (este Cáliz sigue estando en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Tazacortei), unos días después al continuar su ruta hacia el puerto de Santa Cruz de la Palma, frente a la punta de Fuencaliente de La Palma, la nave fue atacada por corsarios hugonotes calvinistas, al mando del pirata Jacques de Sores.

El padre Ignacio de Azevedo, al verlos, con una imagen de la Virgen María entre sus manos, alentó a su joven grupo de misioneros a ofrecer sus vidas por Cristo. Tras ser capturada la nave aquel 15 de julio de 1570, los 40 jesuitas fueron martirizados, siendo apuñalados y lanzados vivos al mar.

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