¿Cual podría ser el destino de la agricultura local en España?.

Historia de G. Figueroa y El Surco Palmero.

Las personas aparecen como irrelevantes y reemplazables dentro del sistema productivo y social: El agricultor o las familias de los mismos son los únicos recambios que no cuestan dinero, la única pieza gratuita en el engranaje de la producción capitalista.

El capitalismo promociona la ética del trabajo, el esfuerzo laboral, la competencia, la productividad, la lucha de todos contra todos, a cambio de un riguroso empobrecimiento afectivo, un defectuoso desarrollo de la vida emocional, una opacidad creciente de los sentimientos y un endurecimiento del carácter.

La aceleración brutal del ritmo de producción y de vida expande el sentimiento de frustración, la angustia y el desamparo por la falta de control sobre los recursos vitales. Impera a nivel global un sistema de producción y consumo donde nadie tiene lo que necesita porque nadie necesita realmente lo que tiene.

El agricultor se convierte en un ser dependiente: Dependiente del capital y dependiente de su propio trabajo.
” Ya nada es posible fuera del mercado dominado por los que no producen nada, debido a eso no tienen ningún respeto por el trabajo del productor agrícola, tampoco conocen otra manera de vida realmente más que la especulación pura y dura de una de las labores más necesarias e importantes de la humanidad, que no es otra, que el cultivo de las frutas y hortalizas que siembran los mal valorados artesanos del campo.

Artesanos que logran que en nuestros platos puedan aterrizar por arte de magia o eso creen muchos consumidores, esos sabores tan cotidianos del tomate, pimiento, lechugas, pepinos etc, cuyo origen debería ser nuestra tierra o por lo menos donde menos huella de carbono genere por traslado al lugar donde es adquirido, esa tierra donde nacimos y crecimos, donde la producción está mucho más controlada y con unas mínimas garantías de poder saber lo que estamos consumiendo, donde además se respeta al máximo las condiciones laborales de los trabajadores. Por no hablar de que generamos una economía circular, retroalimentando la vida en el campo a su vez, consiguiendo alargar un poco más nuestras posibilidades de una vida saludable , al alejarnos de las comidas prefabricadas.

Pero como todo debe comprarse y venderse extrayendo siempre un alto porcentaje de beneficios, por parte de los intermediarios, que cada vez son más poderosos, porque nada es gratuito, nadie auxilia desinteresadamente y nada es posible sin dinero. ” Al menos esa es la excusa perfecta para que se vaya a la extinción paulatina del sector primario, con el consentimiento de las clases políticas. Por eso el horizonte del sector agrícola, se torna cada vez más oscuro o grisáceo, con los únicos destellos de luz en la revolución que han comenzado los agricultores a nivel de toda España prácticamente.

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