¿Se acerca el cultivo del tomate a su final

El tomate canario vive actualmente una delicada situación que, según apuntan muchos de sus productores, es el epílogo y final de uno de los cultivos con más historia y arraigo de las islas. Muchas voces insisten en que el tomate canario se encuentra en las «últimas» y que solo la adopción de medidas inmediatas podrán ayudar a mantener a las siete empresas que sobreviven en un entorno lleno de dificultades y amenazado por el brexit.

El tomate canario, eje de las exportaciones isleñas durante muchos años -llegaron a representar más del 60% de las ventas isleñas al exterior en la década de los 70- y sostén económico de muchas familias, lleva 25 años retrocediendo y languideciendo sin que los distintos gobiernos autonómicos hayan sabido actuar y defender el sector en Madrid y Europa. Y los datos así lo confirman: de las 450.000 toneladas que se exportaban en los 80 se ha pasado a apenas 51.000, que seguirán a la baja esta zafra. Al igual que el empleo, que se ha ido perdiendo a pasos agigantados. Hoy el sector emplea en torno a 4.000 personas, muy lejos de las 10.000 que el sector contabilizaba en 2015, cuando cumplió 130 años de historia.

Son muchos los factores que han influido a esta situación pero el principales es la fuerte competencia de otros mercados con menores costes. Turquía, Grecia y Polonia han crecido con fuerza en la producción de tomate y Canarias, una región ultraperiférica y alejada del continente no puede competir con ellos. Las islas reciben de Europa una subvención al transporte para compensar esa lejanía en el traslado de la fruta. Sin embargo, estas ayudas no cubren la totalidad del gasto y además están llegando con retraso, lo que lastra financieramente a las empresas.

Capítulo aparte se merece la competencia de Marruecos, que arrancó en 1996 con los acuerdos de libre comercio. Los exportadores de tomate llevan más de 20 años denunciando la competencia desleal del país marroquí sin que nadie a nivel político, ni dentro ni fuera de Canarias, levante la voz para defender a los productores isleños.

Europa ha primado la defensa de otro tipo de acuerdos, de tipo pesquero o inmigratorio, y ha dejado morir al tomate canario probablemente ajeno de la importancia que tiene este sector para las islas y sobre todo en municipios como La Aldea, donde más del 70% de la economía depende de esta fruta.

Lo perdido no se va a recuperar pero aún se está a tiempo de mantener lo poco que queda. Para ello hace falta valentía política y acción y no quedarse solo en la repetición del discurso manido de la necesidad de diversificar la economía canaria. Más hechos y menos palabras.

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