EL INFIERNO DE LAS PISTAS VECINALES.

En honor a Carmen.

Sabemos que este artículo es un grito en el desierto hoy en día y vá dedicado a aquellos soñadores, imprudentes, insensatos, casi suicidas, que se les ocurre la maravillosa idea, de intentar que las cosas mejoren para todos, intentando hacer cosas en colectivo por un bien común, algo que de por sí parece de “atolancados” en una sociedad actual, que cada día está más inmersa en el mundo virtual, ausentes de cosas tan necesarias como una vía en condiciones hasta nuestro hogar.

Pero en la actualidad, en la mismísima cuna de la civilización, la expresión de “ya no se pelean ni los perros”, es muy común por lo menos aquí, en Canarias, la empleamos cuando nos toca discutir con alguien, como si no existiera el mañana, pero otra cosa muy diferente es cuando nos llaman por teléfono o nos tocan en la puerta el único vecino con iniciativa o coherente del vecindario para explicarnos que están reuniendo una cantidad de dinero para pavimentar “el camino de cabras”, en el que se está convirtiendo la pista de entrada que pasa por delante de nuestra casa, por el cual pasamos a diario quejándonos de su mal estado constantemente, y en ese preciso instante ya no la vemos tan mal, comenzamos a decir cosas como “todavía aguanta”, o “yo para que se beneficien otros no pongo un Euro”, olvidando por completo que también nosotros llegamos por la misma pista en mal estado a nuestro hogar.

Claro aquí todos queremos pasar, tener el coche limpito y que entrar a nuestra casa no sea una montaña rusa, y por supuesto que lo asafalte el ayuntamiento libre de gasto alguno, “que para eso pagamos impuestos”, obviando que los caminos, carreteras o pistas privadas no tiene competencia cabildo, ayuntamiento y demás estamentos políticos, más allá de una subvención parcial a modo de ayuda.

También sería interesante que nos tocará la Lotería sin jugar ningún décimo, pero no la vida no funciona así por desgracia, ya que las pistas vecinales que están divididas por tramos, de un modo privado entre los vecinos, como ya hemos mencionado antes, las autoridades competentes no tienen potestad para asfaltar o mejorar dicho camino, pero lo mejor es que esas peleas son habituales, tradicionales, y muy muy comunes, vienen desde la época de los romanos.

Situación que no cambia que cada vez seamos más comodones y querramos llegar con el coche hasta la puerta de nuestra casa, y aunque muchas veces miramos con cierto recelo a nuestro vecina o vecino, que al final consigue reparar el antiguo camino de cabras para que todos podamos pasar, de un modo casi heroico, seguimos con la misma actitud para todo, y posterior supuesto para la próxima vez, que nos pidan dinero por qué la carretera se vuelva a estropear tampoco daremos el brazo a torcer fácilmente, aunque para entonces tengamos unos cuantos años más y lo necesitemos más aún …

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