LA INVOLUCIÓN DE LA COMARCA NOROESTE EN LA PALMA.

Soy natural de Tijarafe a mis 64 primaveras, un funcionario en la etapa de jubilación, en la que, y en mi caso concreto, en teoría deberíamos tener más tiempo para reflexionar.

He desarrollado mi etapa laboral mayormente en la península, debido a que mi profesión no tenía opción para ser acometida en el Archipiélago Canario.

La verdad, es que venía aleccionado negativamente por compañeros con los que había compartido estudios por aquella época, que habían decidido por diferentes motivos, llevar a cabo su vida íntegramente en esta preciosa isla salpicada por el océano Atlántico, y no tenía un buen concepto de la gestión económica de mi isla Palmera, en lo concerniente a su faceta política.

Me decidí a indagar por mi cuenta, estaba dispuesto a comprobar con mis propios ojos, como unicas ventanas para darle luz a mi propio criterio, que venía sin la contaminación del cansancio natural de vivir en un territorio pequeño. Llevo fuera del lugar más de 20 años, por lo tanto, limpio de prejuicios, y mis observaciones serían basadas en varias pinceladas visuales en estos días de vacaciones indeterminadas por mi isla natal.

Mi primera sorpresa fue notar que había mucho más movimiento en las calles palmeras de las que me habían vendido mis amigos de la niñez. Pregunté aleatoriamente para asegurarme de que no era una apreciación basada en mi optimismo de naturaleza, la respuesta de los palmeros, fue:“los plátanos han arrancado este año con bastante fuerza y están dando dinero”.

Bueno, obviamente es una respuesta que le da una lógica innegable a lo que había contemplado en estos días, y lo cierto es que las huertas donde corría descalzo de pequeño, parecían ahora verdaderos jardines. La verdad es que me sorprendió agradablemente no encontrar lo que esperaba.

El pueblo de Tijarafe un bonito lugar estancado en el tiempo.

Me dirigí a visitar la comarca Noroeste de la Palma, o sea Tijarafe, Puntagorda y Garafia, ya que en los pocos días que llevaba en la isla me había alojado en Los Cancajos, un barrio perteneciente a Breña Baja, siendo la ubicación de varias baterías de infraestructuras de apartamentos vacacionales destinadas al turismo, prácticamente pegados al mar.

De camino al lugar de donde soy originario, iba ilusionado con las primeras sensaciones de actividad económica y social, que en comparación con antaño, me había transmitido la isla, inevitablemente a nivel emocional, nada más recibirme entre sus montañas decoradas con los pinos auctótonos de este paraíso lleno de contrastes, tales como el mar dándose la mano con la montaña, en un corto espacio oreográfico.. No puede evitar que una sonrisa rondara mi cara casi permanentemente.

La falta de gestión municipal, para atraer al turista o vecinos que están de paso, es más que obvia.

Por fin atravesaba mi pueblo, pensé que el vacío poblacional, que sentí cuando iba de camino al pueblo de Tijarafe era debido al día de la semana que había elegido, (domingo).Tenía programado varias paradas, pero al ver todo cerrado, y prácticamente nadie en la calle, le eche la culpa al domingo. Donde único ví rastro de vida, fue en el mismo pueblo, en los cuatro bares que habían abiertos, pero la calle parecía un pueblo en cuarentena por una epidemia, o por un holocausto…

Intenté no tener ningún tipo de prejuicio, sin embargo, el pueblo era una réplica casi exacta de hace unos 10 años o más, a excepción del Ayuntamiento que parecía un caserón de un multimillonario aburrido y con mucho dinero. Curioso crecimiento para un pueblo con un motor económico bastante sólido, proveniente de la agricultura casi en su mayoría, aunque salpicado de casas rurales más bien discrecionalmente.

Paré a tomar el rutinario café después de un viaje de una hora prácticamente, en una carretera bastante sinuosa, pero con un entorno bordado de una naturaleza abundante, y debido al avanzado verano, con un verdor bastante acentuado, aproveché para indagar…

Debido a la palpable amabilidad de la camarera y en pocos instantes me quitó de dudas. Las diferentes gestiones políticas, de los diferentes partidos políticos, habían sido igual de nefastos para la población y con iniciativas que se englobaban todas en pequeñas mejoras alrededor de la fiesta más popular del municipio de Tijarafe, que no es otra que la fiesta del diablo, siendo está el siete de septiembre, caiga en el día de la semana que caiga.

La fiesta del diablo,,, impresionante festejo que se celebra cicliquicamente el 7 de septiembre.

Situación que ha llevado al pueblo a un estacionamiento total, siendo asi, que gran parte del presupuesto que le llega a este municipio, va destinado a pagar los sueldos de los políticos que lejos de aportar buenas ideas, en forma de una gestión inteligente, aportan discusiones entre las diferentes ideologías, para turnarse en el ayuntamiento de este pequeño pueblo. Seguramente, esto le da sentido al “enorme edificio”donde transcurren la mayoría de días de estos mandatarios

Continúe mi camino, bastante decepcionado con lo poca vida que encontré en las calles Tijaraferas.. Llegamos al siguiente municipio que está a continuación: Puntagorda. Nos habían recomendado el mercadillo de dicho pueblo. Lo cierto, es que nos quedamos impactados, de repente, nada más acercarme a la zona donde recordaba en el pasado que estaba la estructura de un mercadillo a medio terminar, con pinta de ser otro mamotreto más de tantos que habían por todas partes en Canarias.

Puntagorda ha dado un salto evolutivo en cuestión de atraer al visitante.

Escuché el sonido inconfundible del timple Canario..comencé a encontrar muchísimos coches estacionados a ambos lados de la carretera, gente por doquier…

Cuando me encontraba delante del recinto, mi sospechas se confirmaron: “la gestión de mi pueblo de la infancia, era un puzzle de malas ideas, hecho por el egocentrismo y la ambición de poder de varios partidos políticos de diferentes siglas, que se habían solapado en la dirección del mismo, como me habían comentado la profesional de la hostelería”.Sin embargo, ahora estaba ante otra realidad.

Varios puentes colgantes al vacío en Puntagorda, como ingeniosos miradores con un resultado espectacular…

En Puntagorda había vida, movimiento. Quien quiera que estuviera en estos momentos en la batuta del Ayuntamiento, se había ocupado de una manera brillante de que el pueblo avanzara a pasos agigantados. Si dabas un rodeo por el pueblo, veías la agricultura de medianía floreciente, el susodicho mercadillo era un hervidero de gente local y extranjera comprando mayormente la producción agrícola de dichas huertas de medianía, habían diferentes miradores flotantes, aprovechando los parajes de los alrededores, muchas ideas elaboradas de una manera inteligente, que le han dado una fuerza en un posible camino hacia un futuro, con trabajo y con múltiples opciones donde desarrollarse para su población, sea joven o mayor.

El cuidado del ayuntamiento en los detalles dentro del mercadillo es más que obvio.

Continuaré en otro artículo relatando mi humilde experiencia y exponiendo mi criterio del cual pueden discrepar ampliamente. Esta es realmente la finalidad de este modesto artículo. Falta visitar Garafía, pero lo dejaré para otra ocasión, porque es un Municipio con un extenso territorio, y al cuál hay que aplicar algunas pequeñas dosis de historia.

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