EL ALMA DE TACANDE, EL MISTERIO PALMERO


Según la tradición más extendida, la casa donde habitó el alma es la que se encuentra próxima a la montaña de la Asperilla, frente a la montaña de Miguel Sosa, entre las que transcurre el camino a Enrique.

En aquella lejana época, el monte rodeaba la rica hacienda de Tacande. Viviendas hechas de oscuras piedras se llegaban a confundir con la espesa vegetación. La casa, con unos seis metros de ancho y unos 22 de largo sumados a dos de altura, arropa aún hoy entre sus paredes, la leyenda de un alma en pena que quedó cautiva entre las paredes y un techo configurado a cuatro aguas de teja canaria.

Tan sólo tenía cuatro posibilidades de conectarse con el exterior: una puerta por el poniente, otra por el sur y unas entradas de luz a los lados de esta, con dos pequeños postigos. Al lado de la casa, se encuentra situado un gran aljibe, que ya está en las últimas, constituyendo ya casi más una ruina, que un estanque de agua subterráneo.

Durante ochenta y siete días el Alma de Tacande deambuló su pena, o al menos eso es lo que se cuenta. Aparecía en esta casa para arrullar a un niño, los presentes veían como la cuna se movía sola, se oía como si de una brisa sonora y espectral salieran unos dulces cantos. Otras veces eran unas extrañas voces que procedían de la nada, un misterioso llanto de un recién nacido. En ocasiones, por la noche, se escuchaban panderos, castañuelas tambores y cantaban voces de mujeres invisibles al son del ancestral villancico a lo divino: «María lo envuelve.
Cuenta la leyenda de El alma de Tacande , que transcurrió el 30 de enero de 1628, después de 87 angustiosas noches, el ente invisible habló y dijo que era Ana González, una mujer de la familia que había muerto en 1625 en el parto de su hijo Salvador, criatura que por lo contrario, sí logró sobrevivir.

Estos inexplicables acontecimientos dieron forma en La Palma a la leyenda de ” El alma de Tacande”, que ahora, casi 400 años después, sigue muy viva, sembrando aún expectación al ser mencionada a propios y extraños del lugar, siendo una misteriosa historia llena de personajes reales con cientos de detalles.

Para los amantes del misterio hacemos un alto aquí, con una cariñosa invitación para que contemplen la casa personalmente y viajen a Santa Cruz de La Palma, concretamente al municipio de El Paso, y desde allí, contemplando los restos de este lugar, nunca se podrán imaginar lo que esconden esas amigables ruinas. Probablemente durante un paseo por el campo, no llamarían nuestra atención, reduciéndose a un paraje tranquilo, pero que esconde bajo las alfombras de su pasado, una fascinante y misteriosa alma que vino desde el más allá para dejar su rubrica en esta leyenda.

Con el pasar de los años, se hace cada vez más apasionante y llega hasta nuestros días de plena actualidad, que está todavía latente, como si hubiera sucedido ayer.

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