Historias del cielo Palmero

LAS PAPAS “DE RISA”

Era una mañana de principios de enero, de finales de la década del los años sesenta y Don Cándido se había levantado mucho antes que su gallo quíquere hubiera hecho el primer canto del día. Don Cándido era un señor viudo, de unas setenta y poco primaveras. Duro como una roca y trabajador incansable. No paraba en todo el día; que si los animales, que si hacer su queso, que si plantar sus papitas… tanto así que sus hijos siempre estaban encima de él, para que fuera dejando ésos quehaceres y se dedicara a descansar más, pero nunca lo conseguían.

Esa mañana don Cándido quería ir a cavar una papas. Cogió su gancho, unos cuantos sacos y un par de cestos y se los cargó al lomo de su fiel e inseparable mulo Epifanio y se dirigieron aún faltado mucho rato para despuntar el día, a las faldas de la Montaña “Samagallo” ( El Granel, Puntallana). Allí tenía unos trocitos de terreno heredados de sus padres, donde se daban unas papitas buenísimas, pues crecían azocadas al amparo y a la sombra de la montaña.

En esta ocasión eran unas papas de las que llaman “de risa”, pues suelen crecer solas después de recolectar la cosecha, porque siempre quedan en la tierra algunas papas chiquitas que se olvidan de recoger, o que no suelen servir para comer, pero que con algo de agua y buen tiempo vuelven a reventar de nuevo y saben distintas.

Epifanio y su dueño iban subiendo aún de noche por polvoriento camino, cuando de repente un haz de luz cegador cayó del cielo, iluminándolo todo, casi como si se hubiera hecho de día. La estampa no duró ni un segundo, pero Don Cándido se agarró a su mulo del tremendo susto que se llevó.

No era la primera vez que veía algo así, sabía que del cielo a veces “caían estrellas”. ¡Eso si!, nunca había visto caer una tan brillante. Pero lo que no se esperaba fue, que al volver la oscuridad, montones de pequeñas estrellas empezaran a caer en destellos como pequeñas lágrimas. Se quedó atónito y emocionado. No daba crédito…. Hacía casi un año y después de una larga enfermedad, que Doña Andrea, la esposa Don Cándido había fallecido. Su esposa era una mujer muy sentimental y poco antes de fallecer le dijo a su marido, que al mirar el cielo y viera el brillo de las estrellas recordara siempre que ella estaría a su lado, por muy dura que fuera la ausencia y que ella siempre sería su luz.

Todo aquello estremeció el corazón de don Cándido, pero una gran sonrisa iluminaba su cara, mientras veía caer tanto amor desde el cielo. Con los ojos llenos de lágrimas y aún emocionado por aquel momento tan bonito, prosiguió su camino….

Gancho arriba, gancho abajo y con algún tirón en la envejecida espalda, don Cándido no daba crédito a aquella cosecha de papas de risa. Las mejores que nunca había cavado. Desde aquel entonces y por la misma fecha, nunca dejó de ir a cavar sus papitas de risa. Hasta que al fin llegó el día que entró a formar parte del firmamento, junto a su entrañable esposa Andrea….

Muy probablemente, lo que don Cándido vio aquella mañana de principios de enero, fue la lluvia de estrellas de “Las Cuadrántidas” y el gran resplandor fue un bólido que es un meteoro de mayor tamaño y que tarda más en desintegrarse al entrar en la atmósfera.

(Las cuadrántidas son una lluvia de meteoros de actividad alta. Su período de actividad se extiende entre el 1 y el 5 de enero. Su máximo es el 3 de dicho mes. Este fenómeno es una de las lluvias más activas del año, junto a las perseidas, popularmente conocidas como las lágrimas de San Lorenzo, en agosto, y las gemínidas en diciembre.

Son meteoros de velocidad moderada que radian de la constelación del Boyero o Bootes. Sin embargo, reciben el nombre de la desaparecida constelación de Quadrans Mularys que ocupaba parte del actual Boyero.

El cuerpo progenitor de las cuadrántidas fue probablemente identificado como el asteroide 2003 EH1, que se cree que fue a su vez el cometa C/1490 Y1 que observaron astrónomos chinos, japoneses y coreanos hace unos 500 años.)

Continuará…

Basada en hechos reales.

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